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El Centinela
Lunes, 4 de diciembre de 2017 | Leída 233 veces

Cargar la suerte

Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo.
(Eduardo Chillida)

         [Img #4766]

        No hará cinco meses todavía desde que se marchó el que fuera párroco de la localidad en la que resido. Era un hombre bueno, afable y tenía ese deje simpático que les viene de serie a los andaluces. De hecho, muchas de las cuestiones que hablábamos cuando teníamos una entrevista, se convertían en risas y chascarrillos que hacían que volase con premura el tiempo de la visita. Pero me refiero a este personaje, porque daba la casualidad de que tenía vínculo familiar con el mítico torero Juan Belmonte, el “pasmo de Triana” como popularmente se le conocía, y cuya importancia radica en que es considerado por el mundo de la tauromaquia como el “fundador del toreo moderno”.

 

          Pues bien, este ilustre torero apeó de los ruedos la habitual forma de torear, que consistía básicamente en sortear las acometidas del morlaco utilizando las piernas, echando valor y con más o menos gracia, es decir, se aplicaba lo que era la vieja máxima de Lagartijo (otro gran torero) que decía: “o te quitas tú o te quita el toro”, y la sustituyó Juan Belmonte por otra nueva: “ni te quitas tú ni te quita el toro, si sabes torear”, todo ello basado en su método revolucionario con tres pilares que lo sustentan: parar, templar y mandar.

 

        Esto me ha hecho recordar lo que está sucediendo estos días a vueltas con la equiparación salarial de los sueldos de la Guardia Civil y Policía Nacional con el resto de policías autonómicas. Hasta ahora los distintos gobiernos de España han estado sorteando las acometidas de subida salarial a base de halagos, reconocimientos verbales con más o menos valor y sin ninguna gracia. Llevan cerca de una treintena de años sin mover un dedo que abra la cartera, para reconocer la importante labor que realizan aquellos servidores públicos que tan lealmente han trabajado y siguen trabajando en beneficio de la seguridad y libertad de todos los españoles.

 

       Cualquiera que tenga curiosidad podrá encontrar por las hemerotecas, noticias en periódicos desteñidos donde ya se prometían ajustes para ir equiparando sueldos; y si siguen buscando por las distintas redes sociales también encontrarán noticias en formato audio y vídeo con las mismas pretensiones y mismo resultado que las anteriores en formato papel.

 

         Y hasta aquí hemos llegado. La ciudadanía se ha dado cuenta de que sus Fuerzas de Seguridad estatales, siempre están a la altura de las circunstancias para garantizar ese bien tan preciado y frágil llamado libertad, con la seguridad que le acompaña; y también se ha dado cuenta de que el Gobierno español no tiene más remedio que atender esa demanda. La distancia entre salarios es tan grande y lleva tanto tiempo que sonroja a todo aquel que se hace eco de la misma. Es impresionante ver como personas de todo tipo y condición se ponen del lado de su Policía y Guardia Civil manifestando su apego, solidaridad y respeto hacia los mismos. Jamás estos Cuerpos policiales notaron tanto el agradecimiento espontáneo de la ciudadanía como hasta ahora. Y es en este momento cuando toca hacer cuentas, que no cuentos, sacar bloc de notas y calculadora para poder visualizar en los próximos presupuestos generales, una cifra clara que dé principio a la justicia. “Cada uno es hijo de sus obras”, que diría don Quijote. Y esto es lo que pedimos ahora al Ministro del Interior, obras, que no amores.

 

         Es en este escenario donde estaremos atentos a los movimientos que el Gobierno vaya realizando pues, a veces, resulta tan paradójico el lenguaje que utiliza, que hace caer a más de uno en un error de concepto; en un error involuntario que distorsiona la realidad, difumina la verdad y provoca el olvido. Y para que esto no llegue a ocurrir, le pido al Ministro que haga como decía Juan Belmonte: parar, templar y mandar; es decir, que empiece a dominar el momento con firme resolución en el empeño y elegancia en la ejecución, que nosotros nos ocuparemos de “cargar la suerte” como siempre.

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