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El Centinela
Miércoles, 29 de marzo de 2017 | Leída 433 veces

Danos valor

¡Dios, qué buen vasallo, si tuviese buen señor!
(Cantar de Mio Cid)

[Img #4637]Cuando el Duque de Ahumada pensó en la creación de la Guardia Civil, tenía claro que debía ser una fuerza bien equipada, elegantemente uniformada y pagada de forma generosa, de tal manera que, por una parte y tras una rigurosa selección, ingresaran en sus filas los mejores soldados de la época, hombres sin tacha, con nobleza demostrada y honor rebosante, orgullosos de vestir un uniforme nuevo y vistoso, que les diferenciara de los demás y les hiciera sentirse “muy engreídos de su posición” y por otro lado, y no por ello menos importante, que su servicio peculiar y su sacrificio al servicio de España, se viera recompensado con un salario acorde con tal misión, superior al de sus homólogos del ejército y por encima de la clase social de procedencia; como correspondía a unos agentes que iban a desempeñar el servicio con una cierta independencia y estando expuestos a los envites del resentimiento y lisonjeados por los halagos de la corrupción. 

 

            Para el Duque de Ahumada era tan importante la empresa que tenía por delante, que no escatimó esfuerzos en conseguir estas mejoras para sus integrantes. Y de ahí nació y partió en su andadura la Guardia Civil, un Cuerpo llamado a realizar un gran servicio a los españoles que, entre otras cosas, se granjeó el sobrenombre de “Benemérita” por ese espíritu de auxilio que nos caracteriza hasta el día de hoy y que rezuma por cada uno de los poros de todos aquellos que vestimos tan honroso uniforme.

 

            Dicho lo cual, ¿Qué ha cambiado en España para que los guardias civiles perciban que se sienten ninguneados, dejados, olvidados? ¿Ya no somos merecedores de la consideración debida por parte del Gobierno de turno? ¿Ya no prestamos un servicio fundamental para la seguridad de los españoles? ¿Ya no merecemos tener los mejores medios y las mejores monturas? ¿O simplemente hay que aprovecharse de la lealtad y la disciplina que siempre nos ha caracterizado para ahorrarse unas pesetillas?

 

            A lo largo de la historia hemos sufrido desprecios por alguna parte de la clase política, que a veces han llegado a materializarse con acciones indignas de buen mandatario y otras con el intento de vilipendiar el buen nombre de la institución o de algún componente por el simple hecho de haber perseguido con presteza y eficacia todo atisbo de corrupción.

 

            Pero la Guardia Civil es así, y seguirá actuando de la misma forma: con honradez y lealtad. Sirviendo al pueblo español sin escatimar esfuerzos. Ya lo dijo nuestro 2º Inspector General del Cuerpo, General Infante Chávez: “La Guardia Civil si no ha excedido, ha igualado a los más valientes, a los más andadores, a los más celosos por defender la causa de la libertad”; y esto señores, no va a cambiar.

 

Lo que sí debe cambiar es el tratamiento que estamos recibiendo desde hace años a la hora de repartir el dinero público, ese dinero de todos los ciudadanos, consintiendo que el salario de las policías locales y autonómicas superen con creces la nómina de cualquier guardia civil, todo ello sin olvidar que el sueldo de nuestro “cuerpo hermano” también lo hace, aunque en bastante menor cuantía, circunstancias que hacen que estemos serenos en el peligro…, pero nerviosos a final de mes.

 

            Espero que desde el Gobierno se tomen las medidas necesarias para arreglar esta injusticia, aunque sea por presión popular, porque a nosotros no nos queda más remedio que seguir trabajando con la misma lealtad y sacrificio, mascullando a regañadientes el artículo 9 de la Cartilla, que nuestro fundador bien sabía: “El Guardia Civil no hace más que cumplir con su deber, y si algo le es permitido esperar de aquel a quien ha favorecido, es sólo un recuerdo de gratitud”. Espero que la clase política actual y los españoles de bien no se sepan este artículo fundacional y nos den el valor que tenemos, merecemos y necesitamos. 

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