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Redacción
Lunes, 11 de julio de 2016 | Leída 741 veces

El mejor preparado

 

 

Con sólo tener la costumbre de ser asiduo consumidor de noticias que nos proporcionan los medios de comunicación, y ahora también las redes sociales, nos asaltan esas en formato de sucesos que ponen en evidencia desajustes, fallos, carencias, que llevan a concluir una falta de preparación de profesionales de nuestro gremio, en el diseño, la capacidad empática, talento, análisis, pero sobre todo la de adquirir voluntad.

 

¿Cómo puede ser? Suena y resuena que ahora sobre nuestras lozanas y soleadas tierras pisan las llamadas mejores generaciones de españoles/as, las más preparadas.

 

Merece una reflexión. Nos encontramos en un momento en que, legítimamente, sólo faltaría, nadie quiere ser menos que nadie, concebimos como un atentado a la dignidad que unos profesionales con los mismos desempeños que nosotros obtengan mayores y mejores reconocimientos, pero realmente esos reconocimientos... ¿tienen un sustrato fáctico, real y naturalmente aprehensible?, sin duda que no... lo real y naturalmente aprehensible es una afrenta de índole psicológica que trabaja en favor de la desmotivación.

 

Todos sabemos dónde encontrar a los mejor preparados, por lógica allí mismo donde están los reconocimientos, para ello en nuestra institución no resulta difícil mirar al lugar que ocuparan los doctorados y aquellos que obtendrán su reluciente máster, obtenido tras un oportuno y fructífero periplo de tránsito, que no de ocupación, en nuestra benemérita Guardia Civil.

 

¿Pero entonces?, vuelvo a preguntarme, ¿qué falla?. Es posible que el mejor preparado tenga al mismo tiempo mayor capacidad premonitoria para ver el alcance, los efectos y anticiparse a las consecuencias, y en ese caso, pues ya no sería la carencia de preparación, sino un puro balance de coste beneficio el que hace tomar decisiones de no involucración, no intervención, para que tales consecuencias sean asumidas por los menos preparados.

 

Sinceramente no lo creo, no creo en lo anterior, no hay capacidad precognitiva, por no creer no creo ni en la mayor preparación, porque es un artificio, un constructo interesado o deliberadamente una manifestación del autoengaño. Más bien, creo en una construcción preventiva, una forma de levantar muros salvadores, los mejores preparados no quieren estar situados allende esos muros.

 

Frente a esta mendaz cultura de la preparación académica y profesional, abogo por el fortalecimiento hercúleo de la voluntad, la de querer hacer, la de querer servir, y también, ¿cómo no?, la de querer saber. ¿Estaremos preparados para ello?

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